Seleccionar página

La niña de los ojos verdes

Crecí niña frecuentando los espacios vacíos que me dejó la ciudad. Caminé tras las grandes avenidas, por las calles que le dieron salida a mi interior y que nadie más me ofreció. Busqué mil veces rincones hechos para mí hasta que comprendí que era yo quién tenía que cultivar su propio jardín.  Así que entre asfalto…

seguir leyendo

…me hice un hueco que cuidé con amor, y regué para ver florecer también en invierno. Crecí aprendiendo que el cambio es evolutivo, que había que evitar permanecer estática, en constante movimiento fui poniendo uno a uno los ladrillos que hoy forman mi casa, pilares cada vez más sólidos, que no se caen venga la tormenta que venga, o huracán que aceche el corazón. Fui tejiendo los hilos que hoy me dan holgura y confianza para desempeñar mi lucha. No me creí nada de lo que contaron, comencé a corroborar la realidad y me llevé cortes profundos en las manos. He perseverado a contracorriente, con tenacidad y constancia para construirme un presente, aprendí que el futuro no llama a la puerta y que el pasado se cuela por la ventana. Empecé a priorizar cuando el tiempo no paraba en mi muñeca, y cuando entendí que cualquier día la muerte viene a buscarte. Entrené el cuerpo cuando las farolas no me protegieron, sólo yo podía salvarme. Levanté tantas veces mis ruinas que no quise saber nunca más sobre esa historia. Hice caso a mi intuición después de unas cuantas caídas, no seguí consejos para sufrirlo en mis carnes, y el resultado era sabido, era mi propio camino. Di mi brazo a torcer en demasiadas ocasiones para complacer a otros, y al final me perdí a mí.  Simpaticé con lo ajeno y cuando quise volver ya no me recordaba a mí misma. Así una y otra vez, con miedo al vacío, no quise mirar abajo. Cada vez que he flaqueado he sido firme imaginando la meta, para no desfallecer. Evité nuevos aires por cometer otra vez los mismos tropiezos. He surcado mil mares con la mirada y atravesé murallas que no conocía. Me adelanté a la situación y vi mi derrota con antelación. Interpreté realidades en vez de dejarlo fluir. Preocupada por el devenir quise abarcar la inmensidad y lo que me correspondía era un grano de arena. Tomé decisiones y no supe hacerme cargo de las consecuencias, más tarde reparé los errores sin importar que fuera mañana o pasado con tal de enmendar mis fracasos. Me lancé al vacío como si llevara paracaídas, eché a volar como un pájaro o suicida al borde del puente.  Ansié tantas veces sobrevivir que miré la vida con todos sus colores. Derrapé sin quererlo por las prisas de la huida sin saber muy bien porque escapaba. Y así voy, creciendo niña pero fuerte.

Pícaro

Como cada semana acude a su cita, rellena la plantilla de jueves y sábado. No siempre se decide por los mismos números, los alterna, total piensa que todo es cuestión de suerte.  A veces son cifras de aniversario, otras veces algunas que dieron premio en la ruleta, y otras, cifras de la desgracia. Sin pensarlo mucho, coge dos monedas, y pide un jocker, total la suerte ya está echada. 

seguir leyendo

…De vez en cuando se tienta imaginando que será el afortunado, y cómo resolverá todos los problemas que le dan dolor de cabeza, pero luego baja a tierra y desecha la ilusión para evitar el chasco.

Y así, Pícaro, el protagonista de esta anécdota, juega todas sus semanas su cuota de lotería. Pícaro confía en su buena estrella, esa que nunca ha tenido, esa que nunca le fue otorgada. Pero él como buen creyente, obrero en la rutina, no pierde la fe en un golpe de suerte, pues Dios siempre reparte parejo, aunque sea tarde. Y Pícaro se lo cree, por eso, hoy ha vuelto a caer, convencido se ha dicho que de hoy no pasaba, ya le toca, son muchos años siguiendo la zanahoria. Esta vez me toca comerla a mí.  Así, Pícaro, muy decidido, se ha lanzado a por el mejor atraco de la historia, va a desvalijar ese establecimiento de loterías y apuestas que le ha robado durante años su buena estrella, su dignidad y todas sus monedas de cobre. Por fin, recuperará como buen practicante, la fe en el prójimo y por supuesto la fortuna que tenía en sus bolsillos.

Utilizamos cookies propias y de terceros para obtener datos estadísticos de la navegación de nuestros usuarios y mejorar nuestros servicios. Si acepta o continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí