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Por si tenías alguna duda,
ya no te espero en el alféizar
de la ventana de aquel altillo que compartimos,
el sofá ya no se me queda grande,
ya sólo hay una taza sobre la mesa,
y créeme querido,
si te digo que no es la tuya.
Que no olvido nada,
porque la memoria es una tarea constante
que hay que llevar al día,
pero hoy,
a mes de abril,
sólo me quedan recuerdos
y todo un futuro por forjar,
por eso exprimo, y acelero.
Porque me prometí
que únicamente me pararía
cuando me mereciera la pena,
y lo creas o no,
la verdad es que ya me es indiferente lo que opines,
lo estoy cumpliendo.
Los vientos ya no me traen huracanes,
la lluvia cada vez me pesa menos,
he aprendido a reírme de la incertidumbre,
y a volver a dónde creía que nunca regresaría,
me he reído de lo que ayer lloré
y no he perdido la sonrisa a pesar de cada cicatriz,
el frío ya no me hiela el alma,
pero la música me sigue haciendo vibrar
y es que la vida es un vals que no me puedo negar a bailar.
La marea ha bajado
llevándose
aquellos dibujos sobre la arena que creímos eternos
y el sol ha salido otro día más,
por lo efímero,
somos esclavos del tiempo y presos de la vida.

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